"Yo es otro"
Rimbaud.
Soy:
el recorrido incierto
de las tardes
y su agonía,
uno más en una calle,
mi sombra.
Soy:
el veneno que eyaculo cuando
cuando amo,
el labio rajado
de los malos poetas,
el odiado por las musas.
Soy el que prefiere callar.
El que no tiene
nada importante
que decir.
Soy cuanta gente amé
y cuanta amo.
Soy araña cuando odio.
Soy vinagre.
Soy un nombre tachado
en la lista de todos los nombres.
Mis buenos amigos y maestros en esto de la poesía (si es que en la poesía caben maestros) me comentaron que necesito multiplicar referentes poéticos y buscar nuevas formas para evitar escribir en la voz de los demás y escribir usando la propia (si la tengo).
Vamos a intentarlo. Jugar a destrozar, arañar, borrar, tachar y prenderle fuego al mundo. El cosmos está para violarlo, digo yo, y hacerlo de nuevo.
Sin olvidar todo lo que vosotros hacéis/hicisteis de mí. Tal vez haya llegado el momento de acabar con los héroes de mi infancia.
Vamos a estrenar sección (si alguna vez las hubo. Viva la anarquía). Versos, recuerdos y amor a aquellas personas que pasaron fugazmente pero dejaron huella. Un homenaje -digo yo- por los que ya no están.
Kathrin.
Fue una alumna de intercambio en mi clase cuando entré en el bachillerato. Una alemana, imagino que de mi edad, rubita, pelo cortito, ojos de cristal como pozos acuíferos y una sonrisa que espantaba a la muerte.
De ella recuerdo su constante (y a veces ingenua) simpatía y sus ganas de saberlo todo. Bastaba mirarla para olvidarse de todo lo jodido. Y también destaco su alemán musical (cada vez que abría la boca eyaculaba poesía).
Fuimos amigos. Imagino que ella me inspiró un amor por desenterrar, nada más. Ella era demasiado importante, un tesoro demasiado valioso como para tomarlo, aunque ahora estoy dispuesto al sacrilegio.
Y digo yo que volverá.
El hombre que vendió el mundo
no dio tiempo a que las llamas le iluminasen,
no esperó la llegada de primavera,
se refugió en las flores del mal de poetas malditos,
virtió versos sobre copas de alcohol.
El hombre que vendió el mundo
se embriagó de desconfianza,
se dejó comer por los lobos,
se apostó el azar con el destino
y puso fecha de caducidad a la vida.
Alfonso Cobo.
Ayer me hablaron de un lugar en Londres, el Arco de Mármol o algo así, donde se reúnen (o, al menos, reunían) escritores salidos de quién sabe dónde que recitaban y a los que luego se tragaba la noche. En ese mismo sitio, una vez, un poeta desconocido (creo) dijo algo así como "I dance with my shadows in the walls of the toilet" (bailo con mis sombras en las paredes del retrete). Ya sé dónde ir si decido perderme por Londres.
Un poema en su honor:
"Bailo con mis sombras
en las paredes del retrete."
Un poeta desconocido.
BAILO CON MIS SOMBRAS
en las paredes del retrete
mientras me visitan
mujeres sin nombre.
Se suceden noches interminables
de sexo y desenfreno,
bacardi que corre
por las paredes.
Hoy soy mi nombre
cien veces silenciado.
Soy cada mujer
que me amó
esta noche.
¿QUÉ PASA?
Que de cerdos esta lleno el mundo
que para que queremos uno más
que dónde compramos la leche
que la cerveza se está calentando
que la música no puede parar
que no me oyes bien con esta voz
que se están perdiendo las costumbres
que estás ensuciando el planeta
que te estas poniendo chulo
que ésto no es lo que te pedí
que se ha muerto el perro
y que pensándolo mejor...
ya me estoy cansando de escribir.
Kanino.
Me enteré hace poco de que esta bitácora la siguen más gente de la que creía (por lo visto, la dirección ha ido volando de boca en boca dejando nidos sobre los que repostar).
Por ello, este mensaje va por los que me/nos seguís y no lo sabía o sé ahora mismo. Y por todos vosotros. Y por todos nosotros.
Ése que escapa
de furtivos y las artes
de la caza,
quien se deja guiar por las nubes
los días de tormenta.
Ése que repudia los poblados
y sus rebaños de ausentes.
El que empalma la búsqueda
con el encuentro
y vuelve a la búsqueda.
El que no se da por muerto.
Por detrás del precipicio,
clarea urgente el canto de la espiga
desde el suelo que sois todo vosotros.
Enrique Falcón.
A Jarboe.
Él entra en el casino y el silencio se hace a su alrededor. Camina lento y gallardo, precedido de su orgullo. Una capa negra envuelve su figura como a una cáscara de cuero mientras avanza al paso de antiguos conquistadores. El poder patalea entre sus dedos enguantados. Es su noche previamente elegida. La noche en que él puede prenderle fuego a todo.
La elige entre la muchedumbre popular. El escenario del encuentro son vinos aguados, padres de familia, bravos tramposos, putas cuarentonas. Con mirarla a los ojos la pide para él y luego ella lo sigue hacia el piso de arriba. Un poeta en un rincón recibe celosas gárgaras bajando por su cuello (una mano sabia lo zarandea y evita la sangre). Es la noche previamente elegida, la noche de fuego.
Sube las escaleras como si fueran cabelleras indias en desuso. Las paredes son un rastro de arañazos en derrota que invoca la compasión de las fieras. Desde la ventana, la luna emite cánticos indios marginados por la historia. La codicia la invocan sus guantes blancos.
La puerta de la habitación se abre sola y los reciben olas de pasión con rumbo hacia la cama. Ella cae sobre el lecho y lo recibe ansiosa. El resto de la habitación es un tiovivo en funcionamiento, él la llama y ella reniega de su nombre, él la toca y ella lo recibe con expectación. La voluntad se abre de piernas. La noche eyacula el fervor de los indomables.
-Quémame.
Sus lenguas entrelazadas son el puente entre dos islas. Su aliento, una espiral de mariposas salvajes. Se someten al pecado capital con una vocación de delincuentes sin nombre. La noche del fuego. Él la recorre sin pudor y ella lo recibe. Él la consume y ella ejecuta la lenta y dolorosa danza de la sumisión.
Hay demasiadas formas de envejecer.
Sergio López Santana.
Es tarde para las disculpas
y las rebajas,
para los homenajes, los funerales
y sus enmiendas.
Es tarde para indemnizar
nuestra vida derramada
y sus muñones sindicales,
tarde para las puñaladas certeras
y casi es tarde para pedir perdón.
Ya arden los campos
y las faldas de sus montes,
ya se concentran
todas las pruebas de dolor,
aullidos de venganza,
nuestra ofensa.
Es tarde para la piedad y su derrota,
demasiado tarde para los que dictan
el vacío con sus palabras.
Oídnos bien ahí fuera.
Ha llegado el momento
de los cobardes
y su guerra de besos.
Oídnos bien:
un centenar de ballenas en celo
cargando contra la tormenta.
Pues resulta que hablando con el gran Martín , me reveló que se había hecho el viaje a Sevilla en parte para preguntarme que dónde habían quedado las citas del incendio. Y también para salvarme la vida, pero volviendo a las citas. Que nada, que yo las pongo hasta que aburran y, para darle interés y objetividad al asunto, podéis mandarme las vuestras, esos versos que lleváis prisioneros entre las costillas a cufranco@hotmail.com y los iré colgando por aquí (a no ser que sean parte de un discurso del Rajoy o escuchéis la Cope, jeje). Y hoy toca:
Yo me mostraba eficiente y cortés; ella, sumisa y respetuosa.
Nunca un noviazgo revistió tanta pulcra correción
Eduardo Mendoza.
Cómo explicarlo. Viernes a las 9: concierto del Circo de la palabra itinerante en el Lope de Vega, con los borrikitos libres armando escándalo y un público demasiado suave. Luego, Jarboe, dos chicas bastante góticas recitando-cantando poesía en inglés. Y luego don Richard Hell, que llegó como si pasara por allí. Cuando acaba el asunto, los borrikitos libres que no aparecen y el Lolo (que por lo visto debía conocer su paradero) desaparecido. Llamo al kanino y me dice que están en la Alameda, que se rayaron mucho con las chicas góticas y que me vaya para allá. Y bueno, el resto, se lo dejo a la imaginación (eso sí: Kanino, que no te lo dije, muy buenas las croquetas jejeje. Lo que dijo el Martín, vuelta a las andadas cuando ronde la Semana Santa). Un poemita de los que allí se cantaron, sólo uno:
CÍRCULOS CONCÉNTRICOS.
El profesor dibujó
dos círculos perfectos
y seguidamente dijo:
¿veis? como una rueda.
El niño inquirió:
sí, como unos ojos.
El profesor respondió:
no, como una rueda.
Jose María Gómez Valero.
Hace unos días me vino a la cabeza un verso de Gómez Valero: "que esta vez sean ellos los que aúllen de dolor".
Y es que algo se te queda en el alma cuando Florentino se va.
Tal vez -sólo tal vez- un picorcillo suave que pretende ser victoria. Y qué color tan culé tiene la liga.
I wonder how many people in this city
live in furnished rooms
Late at night when I look out at the buildings
I swear I see a face in every window
looking back at me,
and when I turn away
I wonder how many go back to their desks
and write this down.
Leonard Cohen.
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Cuando vivir es supervisar un naufragio
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