...son minas anti-persona
cuando estás solo.
Abrazándose.
Bebiendo de sus bocas.
Dándose cobijo
como cachorros de hombre
que intuyen la destrucción.
Me destruyen por separado.
Yo soy el acto de no quebrar la esencia:
yo soy el que no soy. Yo no conozco
más modo de virtud que la impotencia.
Agustín García Calvo.
El verano termina. La tarde lo sabe y por eso rechaza las prisas y desfila a paso lento como una novia hacia el altar, como si el tiempo fuese un hilo lo bastante fino. Ella camina delante, casi decidida, repasando todo cuanto ha recopilado durante las noches de llanto -se ha prometido que serán las últimas pero sus promesas nunca duraron mucho-. Él la sigue con el ánimo abatido, la cabeza caída, las manos en los bolsillos de la chaqueta rogando el suicidio.
El verano termina y ellos deciden esperarlo en una placita. Eligen un banco. Ella se sienta en el respaldo y lía un porro mientras él, a su lado, repasa el paisaje con la mirada muerta. Niños sin expresión (de uniforme, idénticos) vuelven del colegio. Un perro cruza la calle. Ninguno dice nada durante un largo rato. Ella da caladas suaves, casi rítmicas, mientras repasa su decisión. Su silencio es el vaso más hermoso hecho añicos. Él se limita a mirarla porque ya huele el desastre.
-Lo siento-dice ella.
Él no dice nada. Sabe que esas disculpas son sólo cortesía. Sentir siempre fue, de algún modo, asesinato.
-A veces una se siente mal y le gusta hacerse daño, y hacerle daño a los demás, pero no sirve para nada porque luego tu cuerpo es sólo una parcela minada.
Los dos saben que el discurso viene preparado. Por eso ninguno lo aclara, y pretenden fingir que todo lo dice ahora el corazón, sus disculpas y su silencio, pero ahora no tienen corazón. Y eso también lo saben.
-Acostarte con alguien es siempre quitarte un pedazo de ti misma y enterrarlo en su cuerpo, pero a veces te equivocas y sólo siembras tus espinas-ella añade-. Es difícil. La verdad, es más fácil cuando lo haces con un desconocido.
En ese momento él desea la muerte de todos los desconocidos del mundo. La muerte de cada uno de ellos, lenta y dolorosa, en una fila larga y torcida.
-Lo siento-entonces lo mira de verdad. Se hunde en la improvisación-. No dices nada. Pero sabes que no tenemos ningún futuro juntos. Sabes que amar no basta.
-Te he pedido el corazón, no un futuro.
Se arrepiente al instante de haber dicho cualquier cosa. Coinciden sus miradas y se observan un rato. Ella le acaricia la mano buscando darle consuelo. Él retira la suya. No quiere su compasión.
-¿Qué opinas?-pregunta ella, a modo de conclusión. Los dos saben que no valdrá ninguna respuesta. Que la opinión de él es una tumba vacía.
-Tú ganas.
Se separan con un beso en la mejilla. Ella se va por una avenida, con su vestido verde y su inocencia envuelta en llagas. Él se pierde por una callejuela dispuesto a celebrar su naufragio. Tal vez se entregue a la masturbación y la bebida. Escribirá un poema. Luego llorará o pedirá consejo a la muerte. El verano termina.
La belleza tiene mil caras
para huir de la suburbia
y poblar campos de ceniza.
Alfonso Cobo.
Este poema es hermoso
porque cae
de tu
b
o
c
a.
Elimina el automóvil, la televisión y el fútbol de la cultura contemporánea: en el acogedor hueco resultante se podrá vivir.
Jorge Riechmann.
Hoy cumplo 18. Ahora beber es legal. Y feliz día de la República a todos. Gracias por seguir ahí.
Pasaron las tardes de verano.
Tú te alejaste
y vinieron los días difíciles.
No hubo despedida.
Dejé de verte
a través del vidrio
para descubrirte de nuevo.
Tomé conciencia
de tus pechos caídos,
de tu risa forzada,
de las arañas en tu pelo,
de tu cuerpo de harina
simétricamente deformado.
Me sometí a una nueva
perspectiva
mientras te buscaba
en el fondo
de cada botella.
Luego lloraron mis venas,
pero no anuncié
nada de esto.
Hoy te he mirado lentamente
y te has ido elevando hasta tu nombre.
Juan Ramón Jiménez.
Muerte a la luz ultravioleta
de las calles y su aliento,
el tráfico de muerte
que la habita,
su hueco en el mapa.
Muerte a todos los poetas
(yo el primero)
por sus ingenuas intenciones.
Muerte a la poesía
en todos los idiomas
y a todos los idiomas
aún por inventar.
Muerte al cabello
y al calzado.
Muerte a todo lo que no sea
el brillo en tus ojos,
tu boca de mujer,
la risa de un niño.
Tres meses currando en un videoclip para que los del festival "mira al sur", tras hacernos la vida imposible, no nos dejen mostrarlo.
Perdonen que no lo celebre.
Rebirth
Musas fugaces I
The man who sold the world
Marmalarch
Súper Kanino says...
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El cazador
Citas de un incendio XXVI
Burnt
Citas de un incendio XXV
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