Mujer de las heridas en los ojos,
parece que el mundo se empeña
en aplastarnos.
A nosotros,
que sólo buscamos la salvación
en lágrimas de savia,
abandonar la estación de despedidas,
abrirnos el pecho para descubrirnos
oro en las entrañas.
¿Qué hacer ante la vida
si se nos derrite en el aliento?
Sólo bastará mirarte,
saberte en la vida.
Y los ojos que pondrás
cuando vuelva a proponerte
la huida a África.
De camino a ninguna parte, sito
en una carretera inhóspita,
en un carril polvoriento de la vida,
esa comarcal donde abandonaría a un perro
en verano. Me alojo en este hotel
"Otelo hotel", fonda en el fondo barata
con televisión/ tienda/ bar y piscina vacía
porque hasta eso me he bebido.
Malvivo en una habitación doble para uno
para mí solo, que sin ella soy la mitad,
con pensión completa
completamente insoportable sin ella,
la desnuda huésped que iba de paso
"de paso de ti"/ es decir de mí.
Mi hogar provisional sin camareras
que carguen con el pesado equipaje
de celos/ de llagas/ de yagos.
Me alojo en este hotel
"Otelo Hotel", esta sórdida pensión
donde me estrangulo el recuerdo
de tragedia en cinco actos:
Primer acto: Me despierto destrozado.
Segundo acto: Me rasco los cojones.
Tercer acto: Me hago una paja.
Cuarto acto: Me fumo un cigarro.
Quinto acto: Te sigo queriendo.
David Franco Monthiel.
Puedes leerle aquí.
Tal vez llegue tarde esta incorporación, pero ya era hora de ir subiendo a la lista de links (cada vez más larga, qué mágico es el sabor que deja en la boca poder decirlo) la gran web-blog crítica y creativa acerca de la poesía: La polla en verso.
Recientemente han sacado un artículo muy interesante acerca de María Zambrano (entra en el examen de Filosofía de selectividad) que podéis leer aquí.
¡Paz!
Desde el día de la República soy un año más sabio. Tened cuidado.
A veces el mundo se desnuda
como hoy.
Las mujeres caminan,
se meten en el ascensor radiantes
y blancas como una vela,
con el pelo larguísimo,
candentes,
nacidas para ser felices
en los brazos de hombres
con un mentón de madera y hormigas.
A mi la barba me sale a corros
donde debería ser fuerte,
las mujeres son tan fantásticas hoy,
quiero fotografiar a la que tengo más cerca
para creérmela
mientras se cura una pupa en la boca,
cura sana,
yo tampoco me creo a mi mismo
si te sirve de consuelo,
y me miro al espejo perplejo
cuidando de no romper el encanto
dando la luz.
La desnudez que no es una palabra femenina
por casualidad,
afila los sentidos hasta cortar
como la misma muerte,
así de justa y musical.
Ramón Egea.
Le puedes leer aquí.
¡Ya tengo la entrada para Héroes del silencio! Pasar la noche entera resguardado de la lluvia bebiendo de un botellín y jugando al mus pareció servir para algo.
Que se prepare Bunbury...
Es tan fácil batirla a veces,
herir su único ojo.
Basta con reírse,
no caer en la cuenta,
aprender de los niños.
Celebrar la derrotas.
Celebrar con cerveza
-tirar la casa por la garganta
de vez en cuando-.
Decir te quiero todas las veces,
no olvidar,
no querer olvidar.
Decir la luna en una mirada.
Contar la vida en una canción.
Avivar esta vocación de golondrina
(sus frágiles alas de aire),
no callar nunca.
Gritar buscando claridad en el filo:
desgarrarse la garganta.
Como si fuera el grito póstumo
con que recordarnos.
Como indios que esta noche se pintan de rojo
porque mañana se las verán
con el hombre blanco.
Pues sí, me fui hasta la gran Cádiz, una horita en coche bajo la guitarra de Bobby Dylan (como "rolins stones") y disfrutamos del mar. Encontramos sin problemas la fábrika y allí disfrutamos de la última jornada del ciclo de Poesía en resistencia, con el gran y fantástico recital de los borrikos libres (lamentando muy profundamente la ausencia del gran Kanino, que se ha perdido por Granada, y al que se honró durante un "raramente bueno" -como dije a Martín- recital), la presentación del libro de Manuel F. Macías con interesantísimos poemas y a la vez recitando con don Iván y, por último, el cierre musical de Iván Mariscal, que dejó tan buen sabor en nuestros oídos.
Unas horas magníficas en tan magnífica compañía, y las risas con los borrikitos en el pay-pay. La vuelta a Sevilla, media hora en coche con las carreteras desiertas, mientras cantaban Dire Straits. Como sultans of the swing. Y esa sensación cuando llegas a casa de que el corazón te lo dejas en Cádiz.
Y esta es mi espina
Suicidas
Uno de Dylan Thomas...
Bajo la lluvia
Almuñecar
Segadores
A working class hero
Poesía en resistencia en Cádiz
Margen cero
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