Laura Rosal se incorpora a la lista de enlaces. Ya era hora: aquí tienen ustedes a la compañera enmarañada.
Sigue asomada. Hace frío, pero ahora sabe que eso la hará más fuerte. Pensar en el frío (notar sus embistes de ariete y su ansia de conquista, sus pinchazos, su nostalgia de aguijón) le hace pensar en el feliz ahogo verde de la primavera y el abrazo hirviendo del verano. Las calles desiertas que invocan con su brisa al mar. La frontera entre el asfalto y la arena como una entrada a otro mundo, otro tiempo que se toma menos prisa en consumirse.
La niña mira por la ventana. Vibra ante la visión del mismo paraje que no la sobrecogió otras veces, el mismo descampado, la misma tierra de color cereal, los mismos árboles sobrecogidos ante la inmensidad del cielo. Arriba, el revuelto blanquiazul que se complica a quienes carecen de alas. A lo lejos, la línea afilada del horizonte.
Recién vuelto de Córdoba. He superado momentáneamente una bronquitis y la maraña no se deshizo el domingo. Hay que empezar a conspirar, me parece. El concierto del martes por la semana cultural, perfecto. Nos salimos, la gente salió contenta. Ahora, con algo parecido a una espina clavado en la garganta. Y escribiendo que ya era hora.
Mañana.
20.
¿Quién me compra una tarta?
Tienen mi cadáver
abierto en galerías.
Mis ganas de llorar.
Tienen mis instrucciones,
los pasos que hay que seguir
para menguarme.
Tienen las agujas de su parte.
Tienen nombres de cangrejo.
Tienen un mapa de esta jaula
dentro de la jaula.
Tienen la garantía
en cada cifra.
Tienen cada una de mis alternativas,
las salidas de emergencia,
nuestro insomnio, las rebajas,
la certeza
de que no nos importan los niños
cuando miran hacia el cielo.
Tienen el poder de matar a un hombre.
Tienen el poder para matar a un hombre.
(pero no nuestras palabras,
ni la obediencia de los gatos,
ni la testadurez de algunos gorriones
cuando cantan bajo la lluvia).
...se convierte en una cascada de colores y luces cuando te hinchas de rebujito y cada paso que das parece que lo das sobre un mar en tempestad.
Buff. Qué dolor de cabeza.
¿Os veré por allí?
Cómo recorta el horizonte tu silueta a contraluz, con qué delicia se dibuja tu contorno. Hay tanto de rebelión en tu respiración inmortal, la templanza de tu espalda. Abres tantas preguntas: si no habré muerto ya y el cielo es esta cama que honras, si morir de verdad no será puro trámite.
Y cada segundo podría ser letal
Nos pasa tanta muerte por las manos
Ego
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El vigía ciego
Despedidas
Decepción
Y de que las estrellas incluso dolieran
Pregunta no retórica
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