Es difícil andar
si se ignoran
las vueltas del camino,
si se duda
la firmeza del suelo que pisamos,
si se teme
que la vereda verdadera
haya quedado atrás,
a la derecha
de aquellos pinos...
(... o quién sabe
si perdiéndose en otra primavera, hace tiempo,
cuando una
cálida brisa me empujó hacia el Sur,
y yo pensé:
«el viento quizá sepa»,
y uní a él mi destino,
y seguí andando,
y llegué hasta esta orilla
de mi vida
donde
–después de tanto esfuerzo–
me he sentado a recibir
lo que los transeúntes quieran darme.)
–Una sonrisa para este vagabundo,
caballero.
–Dejad en mis pupilas,
bondadosa señora,
algo de la belleza y de la luz
que hay en vuestra mirada también triste.
Lo que los transeúntes quieran darme...
Ángel González.
Es difícil la vida
en la tierra donde tú no estás.
Aquí,
las agujas escriben
el tiempo de los huesos,
los gallos sólo cantan
si es rojo el atardecer.
En cualquier palmo de esta tierra
cabría una fosa,
la frontera en esta tierra
se dibuja con sangre.
Un aire rancio nos sumerge
en una violencia incierta.
Como una jaula
donde nunca divisas los barrotes,
pero donde cualquier senda
sabrá a rastro.
Le escuché ayer al gran Barragán casi de madrugada y en el programa de Buenafuente un chiste sobre los que van por ahí, sin destino ni juicio casi, haciendo lo que les gusta para la gente que pasa. Buceando un poco, he visto que el chiste se lo atribuye Pedro Reyes:
-Nada por aquí, nada por allá.
-¿Mago?
-No, pobre.
Sin mucha elección
y casi sin quererlo,
él era un joven
a bordo de un autobús
que cruzaba Carolina del Norte
rumbo a
algún lugar
y empezó a nevar
y el autobús paró
en un café
sobre las colinas y
los pasajeros
entraron.
él se sentó en el mostrador
con los demás,
pidió y le
trajeron su comida,
que estaba particularmente buena
lo mismo que el café.
La camarera no era
como las mujeres que él
había conocido.
No se hacía la interesante,
un humor natural emanaba
de ella.
El cocinero decía
cosas locas.
El lavacopas,
atrás,
se reía
con una risa
limpia
y placentera.
el joven miraba
la nieve a través de las
ventanas.
Quería quedarse
en ese café
para siempre.
Un curioso sentimiento
lo inundó :
que todo
era
bello
ahí,
que todo permanecería
siempre bello
ahí.
entonces el chofer
avisó a los pasajeros
que ya era tiempo de irse.
el joven
pensó, me voy a quedar
aquí, me voy a quedar aquí.
Pero
se levantó y siguió a
los otros hasta
el autobús.
Encontró su asiento
y miró el café
por la ventanillas.
el autobús arrancó,
dobló una curva,
y fue camino abajo,
alejándose de las colinas.
el joven
miraba
hacia adelante.
Los otros pasajeros
charlaban
de otras cosas
leían
o
intentaban
dormir.
no se habían dado cuenta
de la magia.
el joven
puso su cabeza
contra el asiento,
cerró los ojos,
fingió
dormir.
Nada quedaba
sólo escuchar el
sonido
del motor,
el sonido de las
ruedas
en la nieve.
Bukowski.
Lo que nos gusta a todos la libertad de expresión.
La Teoría Clásica de los Géneros Periodísticos distingue entre información y opinión.
No obstante, los expertos aseguran que esta distinción es errónea, inútil, no es sincera. La objetividad es imposible, una quimera.
En consecuencia, los periódicos distinguen entre información y opinión.
Sé que te duelen las auroras,
que recibes el amanecer
con los ojos húmedos,
rotos
como heridas
de un espejo.
Sé que algo te oprime
en cada madriguera.
Que canta un pájaro
y crees oír una guadaña.
Ése es el problema
de sembrar alambre.
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